En general, la introducción de una especie exótica puede suponer una amenaza para las especies nativas que forman el ecosistema pues este nuevo elemento va a alterar su equilibrio. Esta circunstancia se agrava en ecosistemas especialmente vulnerables como son las aguas continentales.
Las especies predadoras, que con su introducción, conllevan nuevas relaciones de predación sobre algunas especies nativas y de competencia con otras. Otras constituyen el alimento necesario disponible para el desarrollo indeseado de dichos predadores.
Un caso extremo es el del cangrejo de río actualmente al borde de la extinción como consecuencia de la introducción en su día del cangrejo rojo al ser éste portador de una enfermedad mortal para el cangrejo común.
Una especie podrá considerarse invasora según la masa de agua donde se encuentre y el efecto sobre el medio. Como criterio a tener en cuenta es mejor aplicar el principio de precaución en estos casos, es decir si no se sabe lo que puede pasar no lo hagas.
Los ríos son patrimonio de los ciudadanos y la biodiversidad que albergan son un bien valioso para todos, en especial para las generaciones venideras. Así, sus gestores y usuarios tenemos la responsabilidad de mantener e incluso mejorar su estado de conservación y una forma de contribuir con ello es evitar la suelta de ejemplares de especies exóticas.